Los niños hacen de la tecnología móvil su nuevo juguete

Los niños hacen de la tecnología móvil su nuevo juguete

En las campañas publicitarias, hoy es habitual ver niños hipnotizados frente a la pantalla de un móvil o que juguetean con una tablet. Si bien es un hecho que continúa causando conmoción y generando opiniones divididas en torno a los aspectos que definirán a las futuras generaciones, es una situación que sin duda refleja la realidad que estamos viviendo.

La razón es muy simple: tal como concluye una reciente investigación del Centro Médico Einstein de Filadelfia, los bebés y en general los niños menores de dos años ven los teléfonos como auténticos juguetes de plástico.

En concreto, el estudio revela un dato sorprendente: el 36% de los bebés menores de un año saben desplazar sin ayuda las pantallas de los dispositivos móviles. Además prestan especial atención a los programas de televisión que se reproducen en este soporte: más del 50% de los bebés que participaron de la investigación permanecieron atentos a la pantalla, obviando incluso otros distractivos del entorno.

Este experimento confirma que más de un tercio de los niños se habrá relacionado con su realidad inmediata antes de llegar al año de edad. A propósito de los alcances de esta interacción, el estudio agrega que los niños usan los dispositivos intuitivamente mucho antes de reconocer su verdadera función y convertirse en usuarios experimentados.

Los niños, ¿se educan o se distraen?

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La exposición a las nuevas tecnologías se está dando a edades cada vez más tempranas, tal como afirman los investigadores, sobre todo en lo que a dispositivos móviles se refiere, una realidad que explica los hallazgos del estudio en mención.

Hablamos de que un 14% de los bebés con un año ya utilizan los dispositivos móviles en promedio una hora diaria, una cantidad que alcanza un 26% cuando cumplen los dos años y un 38% cuando tienen cuatro años.

Desde luego, sin el propósito de caer en comentarios alarmistas o enjuiciar una tendencia, los especialistas recomiendan prestar especial atención al uso que los niños le están dando a este tipo de medios.

Si bien son alternativas que nos facilitan la vida en muchos sentidos, en el caso de los niños pueden generar efectos nocivos si no se median con estrategias educativas acertadas. También pueden perjudicar a otros hábitos de vida claves en la formación de todo ser humano y que deben priorizarse desde el núcleo familiar y la escuela misma.

Los expertos recomiendan algunas alternativas, como los hábitos de lectura, dibujo, juegos al aire libre, cuidado de una mascota, refuerzo del lenguaje hablado, actividades de expresión corporal o inicios de prácticas deportivas.

Los juguetes tradicionales, ¿al cajón?

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Por desgracia, la respuesta es un rotundo sí. Más allá de las habilidades e intereses de los más pequeños y el apogeo de las nuevas tecnologías, las familias asumen un papel protagonista.

Según la investigación, seis de cada diez padres permiten que sus hijos jueguen solos con los dispositivos móviles. Además, un 73% de ellos aseguró que es bastante común que sus bebés o hijos pequeños usen su móvil o tablet mientras ellos se dedican a realizar labores domésticas.

De hecho muchos padres están convencidos de que esta es la mejor opción ya que les permite mantener a los niños entretenidos y cerca todo el tiempo, pero ¿hasta qué punto esa cercanía podría convertirse en ausencia? ¿Se está empleando un recurso esporádicamente o generando una dependencia? ¿Se está potenciando su creatividad? Estos son algunos de los interrogantes que investigadores y educadores suelen plantearse frente a este comportamiento.

El compromiso empieza por casa

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Los profesionales de hecho expresan una preocupación que resulta bastante natural: los padres están otorgándole a los dispositivos una función que sustituye al juguete tradicional. Tal como indica la investigación, un 65% de los padres le entrega el dispositivo a los niños para calmarlos y el 29% de ellos también lo hace para que se duerman.

Los dispositivos móviles forman parte de la vida de los niños pequeños, pero todavía desconocemos a ciencia cierta sus impactos, tanto positivos como negativos. Por eso, por ahora es responsabilidad de los padres orientar las experiencias virtuales y multimedia de sus hijos, supervisar los contenidos a los que acceden, monitorear el tiempo que invierten e identificar a tiempo los hábitos que perjudican su sano desarrollo como individuos.